
El proyecto se centra, realmente, en la creación de una plaza. Aprovechando las diferencias de cota de la parcela, se plantea un edificio soterrado, que deja a la vista únicamente las piezas de las habitaciones.
Esta plaza, es un espacio «esponjoso», un lugar «ensanchado» desde lo privado que sirve a lo público. Desde este nuevo vacío se contempla el cerro pero también la iglesia, y se da acceso al hotel.
La plaza gracias al desnivel de la parcela toma espesor, justo éste sirve para formalizar las entradas de luz a las estancias existentes bajo él y es que, como si se tratara de las branquias de un pez, la plaza se pliega en algunos puntos dejando que algunos de sus paños se retiren del suelo dejando entrar luz al espacio que se encuentra bajo ella.

La plaza gracias al desnivel de la parcela toma espesor, justo éste sirve para formalizar las entradas de luz a las estancias existentes bajo él y es que, como si se tratara de las branquias de un pez, la plaza se pliega en algunos puntos dejando que algunos de sus paños se retiren del suelo dejando entrar luz al espacio que se encuentra bajo ella.


Todo el proyecto gira entorno a ese espesor salvado por el desnivel de la plaza, espesor suficiente, no solo para hacer un espacio habitado bajo la plaza sino también para ofrecer una conexión entre la entrada del hotel y el spa que se proyecta en el interior de la antigua iglesia vecina a la hospedería.




esfero ©