«Ahora que si me prestas atención, en lugar de hablar tanto, gatito, te contaré todas mis ideas sobre la casa del espejo. Primero ahí está el cuarto que se ve al otro lado del espejo y que es completamente igual a nuestro salón, solo que con todas las cosas dispuestas a la inversa…»
Alicia a través del espejo y lo que Alicia encontró allí CARROLL,L. (2011,p.46)
Hay algo de Alicia en la pequeña casita del Valle del hecho. En ella las cosas se invierten, aquello que era sombra ahora pasa a ser luz, aquello que estaba cerrado ahora ofrece vistas al cielo y lo que antes era recto ahora se inclina para establecer nuevas líneas de comunicación. Y es que la pequeña casita en la calle Aire, de este precioso pueblo del Valle, talla en la sombra las antiguas huellas de su pasado. Cuando aún era establo, cuando aún no se reconocía como LT31, la sombra era su característica principal, así lo es en todos los antiguos establos del norte peninsular; la necesidad de tranquilizar a las bestias imponía una espesura oscura en el interior de estas construcciones, al menos era así en su planta baja, en aquellas en las que un antiguo portón
duplicaba su escala a favor de la dimensión de los animales.
Sin embargo las condiciones han cambiado, la sombra ahora necesita dejar paso a la luz. El cambio que se propone se hace desde la historia y el respeto hacía esa masa de sombra, y es que en ella se dibuja las entradas que desde siempre han existido en el Valle. El Valle visto desde los ojos de un niño – desde los de Alicia, por ejemplo – seguro que tiene que ver con el gran volumen pesante, y sin embargo también flotante, de las grandes chimeneas del Valle.





Desde dentro son un enorme cuerpo en el que la luz entra con cuidado, casi derramándose, su función era la de sacar los humos de la cocina, calentar el hogar, ser el corazón de la misma.
No es su forma exterior la que interesa, sino sobre todo la interior, esas cualidades que están ligadas a la flotabilidad, a la ventilación y también a la entrada de luz.
